Todo comienza de una forma positiva. Nos sentimos atraídos, es esto quizás uno de los factores de más peso en la unión de una pareja. Una atracción que puede darse en varios planos, el psicológico, el físico, el social, etc.

Crecemos viendo como en las películas “el amor siempre triunfa”. Pareciera que es suficiente con que, esas dos personas, se quieran para que su relación funcione. Hacemos oídos sordos a la información tan destructiva que se ve en las relaciones que nos rodean a día de hoy. Aunque, estadísticamente hablando, hay mas separaciones y divorcios que matrimonios, solemos ilusionarnos con la idea de que nuestro amor si que funcionará. Soñamos con la esperanza de que eso que hemos visto en las pelis, se convierta o se acerque a nuestra realidad. Pero de Hollywood a nuestra realidad hay más de un eslabón perdido.

Así que, a pesar de nuestro ferviente deseo de que funcione…volvemos a fracasar, a tropezar, a quedarnos en el intento. De hecho, cada vez se usa más la frase de “vamos a probar”. Probar vendría a ser algo así como un intento sin demasiada determinación, como una especie de ensayo. Parece que eso nos consuela un poco y, si no funciona, sólo hay que decir “no somos compatibles”, que parece a ser algo así como que lo hemos intentado pero no era la persona. Y tan panchos, seguimos en esa búsqueda del amor…atribuyendo a casusas externas (la culpa suele ser del otro) que no se haya logrado continuar.

Es curioso que, incluso, esos que pretenden ser tipos duros, al final, en su fuero interno mantienen esa necesidad universal de ser amados y de amar. Lo necesitamos tanto y sin embargo nos descuidamos en una relación.

Y yo me pregunto, en medio de tantos fracasos amorosos, ¿nadie se va a cuestionar la forma en la que amamos? ¿Podríamos hacer una autocrítica donde veamos nuestras carencias? Quizás, esta sería la única forma de subsanarlas.

Finalmente, mi reflexión viene a ser que la pareja tiende a la separación. En un mundo individualista, somos educados para ser así. Nuestras tendencias nos llevan a alejarnos. Por eso, aunque al principio podamos ver a nuestra pareja muy similar a nosotros, con el paso del tiempo cambiará. No hay que olvidar que se trata de dos mundos distintos que tenderán a la inercia de seguir su propia rotación.

Para que una relación funcione y se mantenga, será necesario luchar contra esa tendencia intrínseca a la separación. No será cuestión de amar más, sino de amar mejor. Será vital no sólo “probar” sino decidir. El que decide se implica, el que se implica se esfuerza, el que se esfuerza lucha y el que lucha es el que más posibilidades tiene de triunfar.

Así que, si pretendemos que nuestra pareja funcione, tenemos que salir de nuestra comodidad, de nuestra inercia y construir puentes para llegar al otro. Tenemos que aprender a amar.

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