Por Helena Tudela Vidal, alumna de prácticas del último curso de grado de psicología en la Universidad de Murcia. Realiza sus prácticas en el Instituto de la pareja.

Laura y Jorge son una pareja que llevan 3 años casados. Laura lleva un tiempo planteándose ir a terapia. Cree que no es normal  no sentir deseo a la hora  de hacer el amor con su marido. En realidad nunca ha sentido nada especial  durante el sexo sino que lo concibe como una obligación, una parte de la relación que hay que sobrellevar aunque no te agrade. Al principio sentía que era su deber y cedía ante los deseos de Jorge pero, ha llegado un punto en el que el rechazo hacia el sexo y todo lo que conlleve contacto físico le produce miedo y rechazo. Laura quiere a Jorge pero ya no es capaz de seguir adelante y se está planteado dejarle. Por su parte Jorge piensa que Laura ya no le ama, en cambio, cree que le odia. Está frustrado e intenta hacer todo lo posible pero Laura se encuentra como un libro cerrado.

Éste es uno de los casos más comunes en los que la mayoría de las parejas acuden a terapia sexual, cuando un miembro de la pareja padece una de las disfunciones sexuales dentro de la fase de deseo.

Dentro de esta fase de deseo se distinguen dos tipos de disfunciones, el deseo sexual hipoactivo o bajo deseo sexual y el trastorno por aversión al sexo o fobia al sexo.

El objetivo que quiero alcanzar aquí es diferenciar más detenidamente entre ambas disfunciones y explicar la tendencia que existe a confundirlas entre sí. Por ejemplo, como en el caso de Laura y Jorge, hay situaciones en las que un miembro de la pareja admite tener bajo deseo sexual pero en realidad siente un bajo deseo porque no puede soportar la idea de tener sexo ya sea debido a malas experiencias anteriores o a otras causas dentro de su historia personal.

¿ Que es el deseo sexual hipoactivo?

Se define como una disminución del nivel de deseo sexual generalmente hacia la pareja. Ésto significa poco interés sexual, lo que se traduce en dificultades para tomar la iniciativa en las relaciones sexuales, o para responder al deseo de la pareja. Puede ser primario, es decir que la persona nunca ha tenido mucho interés sexual o secundario, cuando antes lo tenía pero ahora ha disminuido o lo ha perdido. También puede ser situacional con relación a la pareja: él o ella tiene
interés hacia otras personas pero no hacia la pareja, o puede ser general: él o ella
carece de interés sexual hacia cualquier persona.

Este tipo de problema se puede dar en diversas situaciones como cuando hay falta de comunicación o intimidad en la pareja o cuando se está pasando por una fase de alto estrés.

¿ Qué es el trastorno por aversión al sexo?

Como ya he mencionado anteriormente, es un miedo irracional e intenso hacia el acto sexual, e incluso a todo lo que pueda implicar el sexo, como un beso, un abrazo o una caricia. La persona que lo padece evita de forma activa todas o casi todas las conductas sexuales con la pareja.
Las causas se pueden atribuir a experiencias traumáticas e ideas negativas respecto al sexo. Un ejemplo sería el caso de una persona cuya primera experiencia sexual ha sido dolorosa o no ha alcanzado sus expectativas de como debería haber sido. Si en las siguientes experiencias sexuales no consigue sentir ningún tipo de placer sino que, por el contrario, cada vez siente más repulsión o ansiedad puede terminar por desarrollar aversión al sexo.
Éste es el caso de Laura, quien nunca ha sentido placer en las relaciones sexuales y, a lo largo de su vida, ha terminado sintiendo rechazo y aversión por el sexo.

En general, podemos apreciar estos dos tipos de disfunciones como un continuo que aumenta en gravedad desde un bajo deseo sexual hasta la aversión o rechazo al sexo.

¿Se pueden prevenir?

Una buena forma de prevención es reservar tiempo para la intimidad no sexual con la pareja, dedicado a hablar, salir solos a alguna parte y sin los hijos, de forma que se fomente la intimidad y confianza dentro de la pareja.
También es importante saber separar el sexo del afecto, de tal manera que ninguno sienta temor a ser cariñoso constantemente, temiendo que ello sea interpretado como una invitación a tener un contacto sexual. Es decir, tener en cuenta que, un beso, un abrazo, una caricia no implica necesariamente sexo.
El reservar un “tiempo preferencial” de manera regular antes de sucumbir al agotamiento, tanto para hablar como para la intimidad sexual, estimulará la cercanía y el deseo sexual.

¿Que hacer si se padece alguna de estas dos disfunciones?

En estos casos, lo mejor es ir al médico para descartar cualquier problema o enfermedad física y   consultar con un psicólogo especializado que pueda proporcionar ayuda a través diversas pautas para lograr resolver estas disfunciones y, con ello, alcanzar un estado de plenitud y placer sexual.