Una relación de pareja está compuesta por múltiples y diversos elementos que intervienen y afectan de diferentes formas en el desarrollo y estableciemiento de la relación. Concretamente, este artículo se centra en uno de los elementos cruciales para que una relación amorosa perdure a lo largo del tiempo, el compromiso. ¿Qué entendemos por compromiso? En términos generales, cuando hablamos de compromiso en una relación de pareja, nos referimos a una elección. Estamos hablando de tomar la decisión de formar un vínculo con otra persona y de compartir momentos de nuestra vida con esa persona que escogemos. El compromiso implica un rol de equipo en la pareja, es implicación y apoyo mutuo, tanto en los buenos momentos como en los más difíciles, por lo que requiere un gran esfuerzo, dedicación y constancia. Sin embargo, hoy en día, en nuestra sociedad cada vez parece más difícil establecer un compromiso. ¿Por qué? ¿Qué es lo que está ocurriendo en las relaciones? ¿Estamos volviendo al mítico miedo al compromiso o hay algo más? ¿Por qué las personas se vuelven más reticentes a usar las palabras novio o novia?¿Por qué le llamas amig@ cuando quieres decir novi@? Ante estas cuestiones existen explicaciones de todo tipo. Por un lado, las personas que muestran sentir miedo al rechazo, por exponer o admitir sus sentimientos. Aquellas que dicen no establecer un compromiso exclusivamente con otra persona por miedo a perderse “algo mejor”. También están los que ven el compromiso desde un punto de vista tradicional, como si perteneciera a otra época, y que conlleva una pérdida total de libertad. Esto puede deberse en parte a una sociedad que promueve el “aquí y ahora”, que motiva el placer inmediato al mínimo esfuerzo. Pero no son las causas, sino las consecuencias lo que me preocupan, y esque al final el compromiso afectivo da un miedo terrible. Es entonces cuando surge una especie de alternativa llamada compromiso implícito. Un tipo de acuerdo del que no se habla, sino más bien se intuye. Dos personas se conocen, se enamoran y quieren estar juntos, pero por diversas razones deciden no hablar, no establecer acuerdos, dejar las cosas “fluir”, sin poner etiquetas. Visto así parece mágico, incluso romántico, pero es entonces cuando surge el conflicto. Es importante tener en cuenta que cada ser humano tiene su propio esquema de valores, diferentes formas de pensar y ver las cosas, y diferentes esquemas afectivos. Por lo que, cuando no se verbaliza el compromiso, sino que se “deja en el aire”, inevitablemente comienzan a chocar estos esquemas. Ejemplos clave son: “Yo entiendo que no es mi novio/a pero no puede decirme un día te quiero y otro ignorarme”. “No tienes que darme explicaciones de lo que haces cuando no estás conmigo porque no soy nadie para que me las des, pero me molesta.” “No tenemos nada serio pero si besas a otra chic@ se acabó” “Pero si no tenemos una relación ¿por qué tienes celos?” “Hace días que no me escribe, ¿querrá decir eso que pasa de mi definitivamente?” Con todo esto me gustaría visualizar cómo con el tiempo la situación se puede volver incongruente, es decir, ambas partes no se entienden y se convierte en la pescadilla que se muerde la cola. Al final, estos comportamientos suelen producir sufrimiento para ambas partes, y sólo presentan dos posibles desenlaces, que la relación implícita se rompa y no llegue a ningún punto en común o que, por otra parte, el compromiso se haga explícito y se llegue a un acuerdo tras haber pasado por uno o varios conflictos en la relación. No obstante, la solución no es tanto establecer un compromiso explícito desde el primer momento en el que se conoce a una persona, sino que va mucho más allá. Se trata de reconocer que somos seres humanos y tenemos sentimientos. El primer paso es NO avergonzarnos de sentir amor, sino enorgullecernos por ser valientes al reconocerlo, porque no siempre es fácil, y el segundo paso es respetarnos a nosotros mismos y no permitirnos estar en una situación de sufrimiento por miedo al rechazo, sino pensar que os habéis ahorrado muchas horas de incertidumbre y ansiedad, al mismo tiempo que habéis sido valientes. De esta forma, ante el rechazo podéis seguir buscando a esa persona especial con la que compartir vuestras vidas o, por el contrario, conseguir establecer una relación de pareja saludable y positiva.