Muchas mujeres se preguntan si su funcionamiento sexual es normal. Algunas se quejan de nunca haber alcanzado un orgasmo, otras se desaniman por la dificultad en alcanzarlo y otras se sorprenden por sentir que “pierden el control” con una mínima estimulación.

Lo primero que hay que recordar es que el cuerpo femenino esta preparado para alcanzar el umbral orgásmico y tener un funcionamiento sexual satisfactorio. En muchas ocasiones esta capacidad natural se ve mermada por factores psicológicos y situacionales.

Hay que distinguir que cada mujer es un mundo. Lo que a una le parece algo increiblemente placentero puede no serlo para otra. El orgasmo es la culminación de la excitación que se acumula en las fases previas de la relación sexual. Cada mujer tiene un umbral, un momento en el que el placer se desborda. Ese umbral es la diferencia y lo que cada mujer necesita aprender sobre si misma. Un escalofrío es un reflejo que se produce cómo reacción de nuestro cuerpo a cierta estimulación. Hay personas que con apenas estimulación experimentan un escalofrío, otras necesitan una estimulación más variada o más intensa. Pues bien, lo mismo ocurre con el orgasmo, que también es un reflejo.

La excitación en el hombre es mucho más evidente y fácil de distinguir a través de la erección. En cambio en la mujer hay una escalada de señales que indican la aproximación de ésta al orgasmo. Aprender a conocer tu propio cuerpo y distinguir esas señales es parte del camino al orgasmo. Sobre todo en el caso de aquellas mujeres que nunca han experimentado uno.

Otra frustración que presentan las mujeres es que les cuesta mucho o que no pueden alcanzar el orgasmo con la penetración. Esto es más normal de lo que muchos piensan. Diversas encuestas concluyen en que alrededor de un 70% de las mujeres necesita la estimulación del clítoris para llegar al orgasmo. Fisiológicamente esto es muy comprensible. Con el coito el hombre recibe una estimulación muy similar a la masturbación. En cambio, las mujeres no experimentan algo similar. La mayoría de las mujeres, un 95% se estimula con el roce del clítoris. La penetración por eso no logra excitar a la mayoría de las mujeres con la misma intensidad o duración.

En su día, el psicoanalista Freud introdujo la creencia de que existían dos tipos de orgasmo, el clitoriano y el vaginal. Llegó a decir que las mujeres mostraban su madurez sexual cuando lograban el orgasmo exclusivamente con la penetración y en cambio, eran infantiles e inmaduras aquellas dependían de la estimulación en el clítoris. Por fortuna hoy día se sabe que la mujer es perfectamente normal cuando necesita la estimulación del clítoris, como cuando alcanza el clímax durante el coito.

Una maniobra que se recomienda en terapia sexual es “el puente”. Se trata de estimular el clítoris a la misma vez que se introduce el pene en la vagina. Esto puede hacerlo el hombre con su mano o bien la propia mujer. Ciertas posiciones como la mujer arriba y el hombre abajo favorecen la maniobra.

La comunicación clara, comprensiva y no exigente es fundamental para disfrutar al máximo de las relaciones. Ninguna mujer debe de sentirse mal por necesitar una estimulación distinta a la de su cónyuge. Los juegos preliminares no tienen porque ser sólo “preliminares”. Es importante que cada una descubra lo que le gusta y así poder comunicarlo.