Los intentos de desagravio son esfuerzos que realiza la pareja para mitigar la tensión y la negatividad durante una discusión. Se trata de frases o acciones -cómicas o no- que pueden ser utilizadas de manera consciente y/o insconciente. Ejemplos de frases utilizadas por las pareja pueden ser: «Vamos a dejarlo un momento» o «Te estás saliendo del tema». Entre las acciones podemos encontrar: sacar la lengua, tocarse la nariz, echarse a reír o sonreírse. Cada pareja e incluso cada miembro de la pareja puede tener una forma particular de expresar los intentos de desagravio, constituyendo así un sello distintivo. Suelen ser códigos que se saben identificar porque conocemos al otro.
Veamos ahora un ejemplo de intento de desagravio en la vida cotidiana de una pareja. Alex trabaja en un laboratorio y muchas veces se entera en el último momento de la hora a la que saldrá del trabajo. Esto hace que su mujer Sandra tenga que esperarlo hasta tarde e incluso a veces tengan que cancelar planes que tenían previstos. A Sandra la situación le molesta enormemente. Un día planean ir cine y Sandra saca las entradas para la última sesión que hay programada. Alex se molesta porque la sesión elegida por su mujer se proyecta más tarde de lo que a él le gustaría y le pregunta por qué ha elegido una sesión tan tarde. Sandra, disgustada por la palabras de Alex, le dice que lo ha hecho para asegurarse de que llegarían a tiempo. Alex se da cuenta de su error y mira a Sandra con una sonrisa bobalicona. Ella no puede evitar reírse ante la cara que él ha puesto. Aquí se demuestra que el éxito o fracaso del intento de desagravio no tiene que ver con el acto en sí, sino con el estado del matrimonio.
Cuando se pierde el control en una discusión lo importante es saber restablecer el equilibrio, es decir, darse cuenta y reaccionar disminuyendo la tensión. Si durante las discusiones no estamos receptivos, los intentos de desagravio no serán siquiera advertidos, terminaremos por hacernos daño y habremos empeorado la relación. La mayoría de las discusiones que comienzan con cierta carga de negatividad acaban mal. John Gottman, psicólogo y terapeuta de pareja norteamericano, plantea que hay ciertas clases de negatividad que, si se descontrolan, son letales para una relación.
Muchas de las parejas que se declaran felices con su relación conyugal discuten, al igual que las parejas infelices, por asuntos similares como pueden ser el dinero, trabajo, labores domésticas, hijos, sexo o familia política. La diferencia entre ambos tipos de pareja es la forma en la que tratan las dificultades y apuestan por fortalecer la relación.
Para las parejas emocionalmente inteligentes, la felicidad no está en la acumulación de cosas, sino en el gozo que proporciona concebirse como un proyecto común. Estas parejas se hacen expertas en enviarse intentos de desagravio y en interpretar de forma correcta los que a su vez reciben. Podría decirse que los intentos de desagravio son un arma secreta de este tipo de parejas.
Dicho esto sólo me queda animar a las parejas a que aprendan cuáles son los puntos débiles en su relación para poder centrarse en ellos y a que afronten juntos y con actitud positiva el inexorable paso del tiempo.
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