Ya se encarga nuestro refranero de advertirnos que la primavera es una época especial, que de un modo extraño nos volvemos más proclives a enamorarnos y de alguna forma parecemos más felices.

El ser humano no tiene una época de celo marcada en el calendario anual, podríamos decir que “esta dispuesto” todo el año. Pero si que es cierto que al entrar la primavera sufrimos una especie de alteración. Y no es de extrañar, tras un largo invierno, donde nos hemos privado de las salidas al aire libre y nos hemos camuflado bajo el abrigo, llega el “destape”. Nos dejamos seducir por la variedad de colores que ofrece la moda primaveral, la ropa cubre menos, el sol reluce en las terrazas de los bares y las salidas se ven acompañadas por el buen tiempo.

Al igual que el mal tiempo influye en el estado de ánimo, hasta el punto de relacionarse con el mayor número de depresiones en los países nórdicos; el sol también nos afecta de forma positiva. Precisamente la luminoterapia simula la intensidad luminosa de la luz solar demostrando así sus efectos terapeúticos. De hecho, la prolongación del día en primavera disminuye la segregación de melatonina, hormona implicada en el estado de somnoliencia.

¿Qué sucede cuando nos enamoramos?

Más tarde o más temprano, más intensa o más levemente, a todos nos llega ese cúmulo de sensaciones que nos hacen sentir como si estuvieramos “flotando”.

La química del flechazo tiene tres ingredientes básicos:

Fenilalanina: Se relaciona con la sudoración y la dilatación pupilar.

Adrenalina: Acelera el corazón y nos hace sentir emocionados.

Endorfinas: Protege nuestro sistema inmunológico y nos hace sentir mejor.

Es importante distinguir entre amor y enamoramiento. El primero tiene un inicio progresivo y es de duración larga. El segundo es más rápido tanto en su inicio como en su final. El enamoramiento es la interpretación que hacemos ante la activación que sentimos. Por ejemplo, una adolescente a la que sus padres le prohiben salir con un chico, cada vez que lo haga sentirá una activación mucho mayor, pues está haciendo algo prohibido. El caso es que lo más probable es que no interprete su activación de esta forma, sino que crea y se autoafirme en su amor, pues relaciona al objeto de su amor cómo el causante de tanta excitación.

El enamoramieno puede provocar el inicio de una relación de pareja, pero no es suficiente para hacerla sólida a lo largo del tiempo. El amor es algo dinámico, susceptible de cambios, una construcción que se alimenta de dar y recibir.

Empezar una relación es algo relativamente sencillo, aparentemente atractivo. Mantener esa relación a lo largo del tiempo sintiendose satisfechos es un trabajo más minucioso.

El cine ha contribuido a mitificar una idea romántica y casi superficial de la pareja. Lo curioso es que las películas se acaban en el momento que deciden casarse o compartir su vida, rara vez se muestran los conflictos y como se superan. Por eso, en pareja, una de las primeras cosas que hay que hacer es desaprender para reaprender, entendiendo que se trata de dos, que buscar culpables no soluciona el problema, que es mejor aceptar que tratar de cambiar a nuestra pareja.

Al principio, cuando uno esta enamorado, las “pequeñas manías” del otro se perciben de forma inocente, casi como divertidas, algo sin importancia que “ya cambiará”. Luego nos frustramos al descubrir que esa persona tiene defectos que nos resultan insoportables e incomprensibles. El amor se construye conociendo y aceptando no sólo las virtudes sino las carencias de la persona.

No hay un límite establecido para la duración del enamoramiento. Algunos psicólogos establecen el límite en un máximo de seis meses, mientras otros lo alargan hasta los tres años. El caso es que su duración es limitada aunque se puede reactivar repetidas veces a lo largo de una relación. Lo más importante es ser conscientes de que tiende a disminuir y por ello es importante trabajar en el amor, en algo más duradero, dependiente no sólo de los sentimientos sino de la voluntad.

Hay quienes se enamoran de estar enamorados, y buscan ese sentimiento en una relación, sin preocuparse en construir nada más. Por eso cuando esa activación se mitiga abandonan la relación o se sienten profundamente frustrados.

Es muy excitante vivir un romance y sentirse enamorado hasta la médula, pero también es muy gratificante construir una relación íntima y exclusiva que, cómo dice la teoría gestáltica, es más que la suma de sus partes.