Por Mari Luz Villena Moscardó, estudiante de 5º de psicología. Realiza sus prácticas en el Instituto de la Pareja.

Resulta muy fácil salir a la calle y encontrar en diferentes lugares y situaciones, a parejas sentimentales con el teléfono móvil en la mano, ya sean adolescentes o adultos. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana salí a cenar, y justo cuando me sentaba, entraba otra pareja por la puerta. Me llamó la atención porque la chica era muy atractiva e iba muy bien vestida, en cambio él era un chico menos llamativo. El caso es que desde que se sentaron en sus sillas para cenar, el no dejó de mirar el móvil aunque su pareja le estuviera hablando. Fueron varias las veces que ella le pidió que lo guardara, pero hasta que ésta no llegó a enfadarse, él no lo hizo definitivamente.

Esto es tan solo un ejemplo que me sirve para reflejar lo que está sucediendo a nuestro alrededor, en bares, parques, cafeterías, universidades, autobuses, caminando, conduciendo, estudiando, etc. Es muy común encontrar personas utilizando teléfonos inteligentes, o tablet, aunque estén reunidos con más personas.

Las nuevas tecnologías han propiciado que nuestra forma de interactuar y de comunicarnos con los demás cambie drásticamente, pasando por ejemplo de la carta escrita al correo, y de éste directamente a la multitud de redes sociales que existen actualmente, y las parejas son quizás quienes más lo han sentido, aunque hemos de admitir que no son las tecnologías en sí, como Facebook, WhatsApp, Twitter u otras similares, sino el uso que a éstas le damos. Tan común es encontrar como muchas personas buscan pareja por internet, publican su amor en las distintas redes sociales, muestran sus enfados y riñas, publican fotos y mensajes más íntimos, como ver como muchas parejas rompen sus relaciones por estas vías.

Según estudios e investigaciones varias, durante el año 2013 se incrementó notablemente el uso de estas redes sociales:

Facebook: 699 millones de usuarios diarios.

WhatsApp: 250 millones de personas activas al mes en todo el mundo (100 mensajes al día por persona).

Twitter: asciende a 230 millones de personas activas al mes en todo el mundo.

Instagram: 5 millones de imágenes subidas al portal diariamente.

Teléfono móvil: En España se calcula que una persona mira su teléfono unas 150 veces al día.

Quizás quienes más hayan sufrido el avance de las redes sociales sean las parejas, originando en ellas diferentes problemas como son los celos o desconfianza, a pesar de que en algunos casos, gracias a estos medios se hayan descubierto infidelidades y engaños reales.

Relaciones de desconfianza e inseguridad: es muy común que “una prueba de amor” hoy sea ceder las contraseñas del teléfono de alguna red social, si las das pierdes el derecho a tu intimidad y si no lo haces es porque ocultas algo. Tener muchas amistades, entre ellas gente que el otro no conoce, o ex parejas, etc.

Relaciones de posesión o celos: las redes sociales se convierten en un medio moderno para controlar a tu pareja (subir fotos con poca ropa o con cierta compañía, vigilar la última hora de conexión, (¿fue contigo?), cuando piden a sus parejas que cambien su estado sentimental, si me escondes (ninguna foto juntos, no me mencionas en tus estados, etc.) es porque flirteas con otros, son formas en las que uno siente celos o la necesidad de reafirmar ante los demás su progreso en la vida afectiva.

Aumenta el contacto por estas vías y disminuye el contacto físico, lo que desemboca en muchas confusiones: como decía al principio es muy común ver a parejas, grupos de amigos o familias con teléfonos móviles en la mano en lugar de conversar, se acaban las llamadas de teléfono para usar el WhatsAap, se siente una dependencia a estar conectado, lo que conlleva un aumento de la ansiedad y deterioro de la comunicación entre una pareja.

Se encuentra una relación entre el tiempo que una persona dedica a Facebook por ejemplo, y que su pareja experimente celos o desconfianza, inseguridades, etc. Una vez que estos síntomas aparecen, comienzan a dar cabida las conductas obsesivas que a la vez conllevan una serie de conductas de comprobación, llegando a ser adictivas, alimentando aun más esos celos (revisar continuamente las amistades de mi pareja, los contactos y conversaciones de WhatsAap, cambio de fotos, etc.). Además se asocian frecuentemente con una baja autoestima, o a conductas de acoso.

Para terminar, me gustaría proponer unas medidas que disminuyan el efecto negativo que las redes sociales provocan en nuestros días:

En primer lugar, si la relación de pareja es sólida y es sincera, las redes sociales no representarán ningún peligro.

En segundo lugar, es bueno recordar que hay que medir el tiempo de uso a las redes, no solo por nuestras parejas, sino por nuestra salud.

En tercer lugar, debemos tener presente el derecho a la intimidad de cada persona, y que resulta desproporcionado controlar conversaciones y mensajes de nuestra pareja con sus contactos.

Para solucionar esta adicción a comportamientos compulsivos, debemos aprender a controlar nuestros impulsos, a controlar nuestra conducta.

Seamos conscientes de las ventajas que las redes sociales nos proporcionan pero también de cuál es el uso que debemos darle a las mismas. Las redes sociales están hechas para los humanos, y no los humanos para las redes sociales, disfrutemos de ellas y ganemos con ellas, no caigamos en la trampa de ser absorbidos por las mismas.