Muy pocos se definen a sí mismo como celosos, pero quién no ha dicho alguna vez “ si me quisieras ,tendrías celos”, “ confío en ti, pero no en ellos”, “ haz lo que yo te digo o atente a las consecuencias” , quizá incluso revisar su teléfono móvil para cerciorarse de que nada está ocurriendo a sus espaldas o interrogarlo.
Haber sentido celos en alguna ocasión de nuestra vida no es algo que se aleje de la normalidad, ni supone un problema. Éste existe cuando los celos se transforman en una obsesión, son desmedidos e irracionales.
Los celos aparecen cuando tenemos miedo a perder a una persona, pero implícito en ese miedo hay “una tercera persona” (real o imaginada).
Las personas celosas son muy inseguras y tienen una baja autoestima, lo que activa el pensamiento de que cualquier persona será mejor que ellos y por tanto los dejarán. Sufren ansiedad y miedo ante la posibilidad de un posible engaño o una ruptura. Experimentan un tormento imaginando dónde podría estar su pareja, con quién estará, si habrá conocido a algún chico/a…
Desde que aparecen los celos hasta que ocurre lo temido ( una infidelidad o ruptura) hay una serie de pasos, el primero de ellos es “Sentir la amenaza”, el celoso siente que hay una tercera persona ( real o imaginaria), el segundo paso es “Controlar” , controlan, vigilan e interrogan a la pareja, el tercero se trata de la “prohibición”, en ocasiones prohíben a la pareja que se arregle o se ponga cierta ropa(“ no te pongas eso porque vas muy corta”). Después de esto, aparece la fase del “Perdón” en la que el celoso pide perdón, hace regalos, y todo vuelve a la normalidad hasta que vuelve a percibir de nuevo la amenaza. Por último, y como es de esperar, se produce el efecto de “profecía autocumplida”, es decir, el miedo a perder a la pareja se cumple.
Lejos de la creencia popular que existe de que los celos son una demostración de amor en toda regla, puesto que “ si tiene celos es porque me quiere”, son todo lo contrario, intoxican cualquier relación, acaban con la libertad , la confianza.
Cuando aparecen los celos patológicos (sin una amenaza real de infidelidad o de una tercera persona) , no buscamos solucionar el problema ni tomar conciencia de qué nos asusta, sino que caemos en el miedo y en reacciones desproporcionadas ante cualquier mínima sospecha , y es quien provoca la desconfianza quien daña el vínculo, produciendo el alejamiento en la relación, la ruptura e incluso la infidelidad.
No es posible sostener una relación basada en la preocupación y el continuo temor a perder la pareja.
Los celos patológicos se puede superar, el primer paso para ello es aceptar el problema, modificar pensamientos irracionales (“no me contesta al teléfono, seguro que está con otra”) por otros racionales ( “no me contesta, quizá esté conduciendo o trabajando), evitar ponerle limitaciones al otro, pero lo más importante es buscar ayuda de un profesional, que acompañe y te guie en ese camino. En el Instituto de la Pareja, podemos ayudarte.
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Hola, ¿en qué podemos ayudarte?
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